REFLEXIONES DE UN MACKAYINO
Toda una historia en The Mackay School forjó el espíritu de superación y esfuerzo de Jorge Moya (G. 1990).
Su paso por el colegio fue la verdadera escuela que lo formó para la vida y lo preparó para enfrentar cada desafío que se le ha cruzado en el camino. Ha sido un recorrido que no ha estado exento de obstáculos, pero, como él mismo confiesa, un trayecto sin dificultades no deja aprendizajes. “Lo bonito es saber enfrentar todo lo que se va presentando”, reflexiona.
Volver a la época escolar es para Jorge ese espacio desde donde los recuerdos y las enseñanzas brotan con una sonrisa, reflejando la satisfacción y el orgullo de lo que significa ser un mackayino; un sello distintivo que todos quienes conforman esta comunidad reconocen y entienden a la perfección, asegura.
Jorge ingresó al colegio en kínder. “En general era buen alumno, aunque el deporte no era lo mío al comienzo. De a poco y con bastante entrenamiento me fui superando. Acá el rol que ocupó Sergio Marchant fue clave, ya que me ayudó a salir de esa zona de confort. Fue algo que hasta hoy agradezco, porque me sirvió para entender que muchas veces hay que bajar la cabeza, partir de cero y esforzarse al máximo para conseguir resultados”.
Ser parte de la primera generación que rindió el Bachillerato Internacional (IB) fue un hito que lo marcó positivamente: “Tuvimos una exigencia bastante alta, pero creo que como generación nos ayudó a conseguir los excelentes resultados que obtuvimos una vez que egresamos”.
El aprendizaje de este mackayino continuó fortaleciéndose tras salir del colegio. “Entré a estudiar Ingeniería Civil Industrial en la PUCV. Al inicio de la carrera me atrasé con unos ramos, lo cual pude recuperar con el tiempo. Una vez más tuve que bajar la cabeza y comenzar desde la base. Acá es cuando digo que el colegio me sirvió para aprender sobre esfuerzo, perseverancia y compromiso, valores que son reforzados día a día por el deporte y, en especial, por el rugby”.
Tras titularse, ingresó a la Agencia de Aduana Aníbal Moya para apoyar a su padre y así seguir el legado familiar de más de 120 años. “Cada día es un nuevo desafío y existe algo nuevo que aprender. De esto se trata el trabajo y también la vida. Este es un camino que se debe recorrer disfrutando el proceso, teniendo clara la meta, pero sin que el foco sea únicamente eso. La ruta sin piedras no te enseña nada”.
El deporte ha sido otra área en la cual Jorge ha construido un camino lleno de vivencias. “Por varios años jugué fútbol, pero una lesión me obligó a parar. Luego vino la natación, que también tuve que dejar. Hoy mi gran pasión es la bicicleta, lo que me ha permitido recorrer muchos lugares. En este ámbito también he tenido que aprender a partir de cero, sobre todo tras las lesiones sufridas”.
Hoy Jorge lleva con profundo orgullo el sello de ser mackayino. “Es un sello que sabemos que tenemos quienes formamos esta comunidad, pero que no resulta fácil describir. Sí sabemos que todos hablamos el mismo lenguaje y compartimos los mismos valores. Para mí es un verdadero orgullo ser un Old Mackayan”.