Cada mackayino que entrevistamos representa una nueva e interesante historia por descubrir.

En esta oportunidad, conversamos con Jaime Bastías (Generación 2012) para conocer cómo fue su experiencia en el colegio y cómo esta forjó la disciplina, entrega y compromiso que hoy vive desde su vocación como sacerdote.

Siendo Jaime tan joven, la primera duda que asalta es si debemos tutearlo o no. Con una suave sonrisa, nos invita a no complicarnos y a llamarlo por su nombre.

El ingreso de Jaime al colegio se produjo en el año 1999. Con un padre y un hermano mackayinos, no era de extrañar que él también siguiera este camino.

“Recuerdo que, si bien no tenía tan buenas notas, siempre hubo instancias para participar del deporte y la música. Si hay algo que en el colegio potencian es que puedes desarrollar habilidades en diversas áreas. Recuerdo con especial cariño haber ayudado a organizar el Mes de María o las canastas de Navidad”.

Quizás sin darse cuenta, Jaime ya estaba dando sus primeros pasos en su vocación de servicio, lo que se materializó años después cuando sintió el llamado de Dios e ingresó al seminario.

La disciplina como herramienta

El primer año de seminario es de alta exigencia, y fue ahí donde Jaime comenzó a valorar las herramientas entregadas por su formación escolar: “Ahí visibilicé toda la disciplina y perseverancia que el colegio te entrega. Si me preguntas si fue difícil, claro que lo fue, porque se extraña el colegio, a los amigos y a la familia”.

Hoy, a casi 16 años de haber egresado del colegio, Jaime mira con nostalgia esa época: “Te puedo decir que fui inmensamente feliz. Tengo los mejores recuerdos de muchos profesores como Guillermo Argomedo, Hugo Fuentes, Rodrigo Boye, y muchos más”.

Un vínculo inquebrantable

Actualmente, Jaime sigue participando en algunas actividades del colegio y mantiene una cercanía constante con la Asociación de Old Mackayans, quienes colaboran activamente con el comedor de la Iglesia de La Matriz, en donde se recibe a personas en situación de calle y se entregan 250 raciones diarias de comida. “Los maakayinos siempre están ahí, dispuestos a ayudar”, comenta con gratitud.

No podíamos terminar esta entrevista sin pedirle a Jaime una reflexión para las futuras generaciones.

Rápidamente contesta: “encuentren su vocación en aquello que crean que los va a hacer felices”. De esta manera, con orgullo miramos cómo Jaime confiesa ser feliz escogiendo a Dios cada día.