EL SELLO DE SER MACKAYINO
La sonrisa aflora de manera natural cada vez que surge un nuevo recuerdo de su paso por el colegio. En esta oportunidad, es Raúl Perrot (Generación 1992) quien realiza un emotivo repaso por sus experiencias y el legado que atesora como mackayino de corazón.
“El Mackay me dio a mis mejores amigos; hoy son como mi familia”, afirma con convicción.
Esta red de apoyo no solo ha sido afectiva, sino que lo ha acompañado en grandes desafíos profesionales. Raúl destaca nombres como Roberto Muñoz y Rodrigo Ferrari, este último, un partner clave para estructurar lo que fue la carrera de su hermana Nicole en su etapa profesional como golfista.
El paso de Raúl por el Mackay estuvo marcado por el deporte —fue pilar en el equipo de rugby y un apasionado golfista que representó a Chile en mundiales juveniles— y por maestros que dejaron huella.
Recuerda con especial cariño a Carlos «Charlie» Salas, su profesor de Castellano: «Tenía un trato entrañable y acogedor que iba mucho más allá de lo profesional; incluso me hacía clases particulares en casa», recuerda. Asimismo, valora la formación recibida de figuras como el «Chuma» Bengoa, quien lo impulsó a reencontrarse con el espíritu del colegio, llevándolo a ser prefect y abanderado en su último año.
La trayectoria profesional de Raúl es un reflejo de la resiliencia aprendida en el colegio y en la cancha. Tras años en el mundo corporativo —desempeñándose en empresas como Telefónica, Buin Zoo y Dreams— Raúl decidió independizarse para fundar RP Marketing Que Transforma. Desde su consultora, busca transformar el «tacticismo» en un marketing estratégico con propósito, enfocado en conectar realmente con las personas.
Tras vivir varios años en Santiago, por decisión familiar decide regresar a Viña del Mar, lo cual le permitió reencontrarse con esa comunidad mackayina que define como “única”.
Hoy, al ver a su hijo vestir la misma insignia como tercera generación en el colegio, Raúl reafirma el valor del lema institucional: «Friendship now, friendship ever». «Esta confianza y esta red de vida se construyen para siempre. Si tuviera que dejarle un mensaje a mi hijo, le diría que disfrute a sus amigos y valore esas relaciones; pase lo que pase, siempre podrá recurrir a ellos. Que aprenda no solo a recibir, sino también a dar».
